El maleficio, hechizo, mal de ojo


Mucha gente se pregunta si tiene efectividad el maleficio, es decir aquello que se hace para dañar a alguien con la intervención del demonio. Algunos inadecuadamente lo llaman mal de ojo, aunque nada tiene que ver con la mirada ni el ojo.
Lo primero que hay que decir es que el que hace un maleficio, como el que lo encarga, serán los primeros perjudicados por el demonio. Sin duda serán perjudicados o con algún tipo de influencia demoniaca o con la posesión o con enfermedades. Nunca se invoca al demonio en vano.
Después la gente se pregunta si tiene efectividad contra el que se ha hecho. Pues eso depende de la voluntad de Dios. Es decir, de esto se afirma lo mismo que de un accidente, enfermedad o desgracia. Dios permite que en nuestra existencia sobre la tierra haya bienes y males, porque la vida es una prueba antes del Juicio. Por supuesto que la persona que ora y vive en gracia de Dios está protegida por Dios. Cuanto más se ora y se lleva una vida espiritual uno está más protegido.
¿Cómo se puede saber si alguien es víctima de un maleficio? Pues no hay manera posible, ya que la acción del demonio es invisible. Sólo es seguro cuando se produce una posesión o una influencia demoniaca en la persona cuyos signos sí que son visibles al exorcista. También es posible saber que un mal es fruto de un maleficio cuando ese mal viene acompañado de hechos preternaturales malignos. Pero salvo que aparezcan cosas externas que delaten una causa demoniaca, no se podrá nunca saber si algo viene de causas naturales o no.
¿Qué hacer si uno tiene alguna sospecha de que alguien ha hecho un maleficio contra él? Como ya se ha dicho no es posible casi nunca llegar a la certeza en esta materia ni siquiera para el especialista, mucho menos para una persona particular sin grandes conocimientos sobre el tema. Pero si un maleficio ha sido practicado el único modo de destruirlo es hacer justo lo contrario: invocar a Dios.
Es decir, si una persona ha invocado al demonio para hacer el mal, se trata de que la víctima invoque a Dios para que le proteja, le ayude y le bendiga. El bien siempre es más fuerte que el mal.
A la gente que viene a mi parroquia diciendo que sufren un maleficio les digo que, salvo excepciones, es imposible comprobar la causalidad demoniaca, pero que si sufren de verdad un maleficio la única medicina y remedio es que hagan cada día lo siguiente:

-rezar un misterio del rosario
-leer cinco minutos el Evangelio
-hablar con Dios durante unos instantes

-la misa (dominical o con más frecuencia)
-colocar en la casa un cruficijo bendecido
-colocar una imagen bendecida de la Virgen María
-santiguarse con agua bendita una vez al día


Haciendo estas cosas el mal que sufren si es del demonio irá remitiendo. Pero si no remite en ninguna medida, eso sería signo de que no estaba provocado por un maleficio.


Apéndice para los sacerdotes
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La efectividad de un maleficio puede producir excepticismo en muchos sacerdotes. Sin embargo, la completa y universal unanimidad de todos los exorcistas es que existen maleficios que por permisión de Dios han producido un mal. En los exorcismos esto se ha comprobado una y otra vez en todas partes y en todos los siglos. Cuando el maleficio ha ido acompañado de una posesión, en ocasiones el demonio ha dicho el lugar donde estaba (enterrado o escondido) el objeto que había producido la posesión o la enfermedad. El objeto maléfico puede ser un sapo encerrado en un bote, pelos en un muñeco de cera, etc. La materia del objeto es lo de menos, lo interesante es observar que existe una conexión entre la causa y el efecto. Entre el acto de invocar a los demonios y el perjuicio que se produce.
Yo mismo, el que escribe estas líneas, fui muy excéptico acerca de esta materia del maleficio. Pero la experiencia de años ha hecho que me tenga que rendir ante la realidad. A veces las propias teorías de como debería ser el mundo, debe reconocer que el mundo es como es.
Ahora bien, toda causa segunda sólo produce un mal si Dios lo permite. Si algo no entra dentro de los planes de Dios no sucede. De manera que la acción extraordinaria del demonio sólo es un elemento más de la permisión del mal en este mundo.
Ahora bien, cómo saber si un fiel que dice que padece un influjo del demonio tiene razón o está sugestionado. Pues no hay manera posible. La acción del demonio es invisible. Lo único que puede hacer el sacerdote es bendecirle durante unos minutos (e incluso recitar una breve fórmula exorcística en latín sin que se de cuenta el interesado) para ver si hay alguna reacción.
Si hubiera alguna reacción extraña, hay que enviarlo al sacerdote especialista en estos casos. Las influencias del demonio producen una serie de reacciones típicas que el experto sabrá discernir. Para estos casos en que no hay posesión, pero sí una influencia preternatural del demonio, están las oraciones del Apéndice II del Ritual de exorcismos.

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